Nombre común: Encina, carrasca.
Nombre científico: Quercus ilex L.
La encina o carrasca es un árbol de copa amplia
y redondeada que puede alcanzar hasta 27 metros de altura, aunque
raramente sobrepasa los 15 ó 20 metros. El tronco es derecho o algo
torcido, con corteza cenicienta o pardusca, resquebrajada en grietas
poco profundas. Ramas abiertas, entre erguidas y horizontales,
robustas. Ramillas cubiertas de una borra blanquecina o cenicienta.
Las hojas permanecen en la encina hasta 3 y 4 años, por lo que ésta
se mantiene siempre verde. Son simples, alternas . Tienen una forma
que varía de redondeada a lanceolada, terminación roma o aguzada y
el borde entero o provisto de un número variable de dientes,
especialmente las desarrolladas en las ramas inferiores o nuevos
brotes. Son gruesas, correosas, con peciolo de hasta 1,5
centímetros, de color verde intenso por el haz y cubiertas de un
fieltro blanquecino o grisáceo de pelos por su cara inferior. Pueden
medir entre 2 y 7 centímetros y su forma es muy variable, aun dentro
de la misma planta. Los gatillos o amentos masculinos se producen en
gran número, en grupitos que cuelgan de la terminación de las
ramillas. Son de color amarillo, con florecillas que tienen un
número variable de estambres y una sola envuelta de 3-7 sépalos . Su
fruto es una bellota largamente ovoide que nace sobre un pedúnculo
muy corto y tiene en su base una cúpula hemisférica en forma de
dedal, de color ceniciento, con escamitas casi planas, no
apiculadas. Florece en marzo, abril o mayo, incluso en junio. Madura
y disemina sus frutos de octubre a noviembre, a veces en diciembre.
Se cría en todo tipo de sustratos, tanto en zonas costeras de clima
suave como en las interiores de clima extremado y continental, desde
el nivel del mar hasta unos 1400 metros. Adaptada a soportar fuertes
sequías estivales y los climas duros continentales. Es el árbol
dominante en gran parte de las regiones de clima mediterráneo seco y
es desplazada en los suelos más profundos y frescos o en climas más
oceánicos por robles, quejigos y alcornoques. Cuando las heladas se
hacen más intensas y frecuentes, en las altas parameras, le supera
la sabina albar . En la Península, más o menos frecuente, alcanza
todas las regiones. Las bellotas de encina (especialmente las de la
Quercus ilex, Subs. Ballota) son las más dulces del género, por lo
que se han empleado incluso en alimentación humana, mezcladas con el
trigo y otros granos para fabricar pan en años de escasez. También
se comen asadas como las castañas. Pero su principal aplicación es,
en Extremadura y Andalucía, como alimento del ganado porcino, para
lo cual se suele explotar la encina en forma de bosque adehesado,
podando periódicamente las encinas para aumentar la producción de
bellotas. Se cree generalmente que los cerdos alimentados con
bellotas de encina y también con castañas, dan los jamones de mejor
calidad.
La corteza, especialmente de los ejemplares jóvenes, es de las más
apreciadas para curtir cueros y, junto con las hojas y bellotas, se
ha empleado en forma de cocimiento , en medicina popular, por sus
propiedades astringentes: para tratar las diarreas, etc. La madera
de encina es compacta, dura, pesada, de color marrón claro o
pardo-rojiza; difícil de trabajar, se tuerce y resquebraja al
secarse. Se emplea en construcción en forma de postes y pilotes,
para ejes y ruedas de carros, para aperos de labranza y, por su gran
resistencia a la putrefacción, en construcciones hidráulicas y en
piezas pequeñas para barcos. Es la madera preferida en España para
quemar y da un excelente carbón.
FUENTE: Guías de Naturaleza Blume “Plantas medicinales, bayas, verduras silvestres”de Grau/ Jung / Münker.