Nombre común: Morera, morera blanca.
Nombre científico: Antirrhinum majus.
La morera blanca es un árbol de tamaño medio, que no suele superar los 12 ó 15 m. de altura, caducifolio, con copa ovoide o redondeada y tronco de corteza cenicienta o pardo-blanquecina, resquebrajada longitudinalmente en los ejemplares añosos. Las hojas son alternas, con pecíolo largo, de forma ovada pero a menudo algo irregulares o asimétricas en la base, lobadas o no, con el borde gruesamente dentado y de buen tamaño ( unos 6-18 cm); son de color verde claro, lampiñas y algo lustrosas por el haz, y más claras, con pelos en los nervios principales en la cara inferior, sobre todo en la parte basal de los mismos. Las flores son menuditas, unisexuales, y se agrupan en espigas muy densas. Las masculinas son alargadas, subcilíndricas, y llevan flores con cuatro estambres y una envuelta de cuatro sépalos. Las espigas femeninas son ovoides . En la madurez, el eje de la espiga y la envuelta de las flores femeninas se vuelven carnosos y forman la mora. Florece en primavera, por abril o mayo y las moras maduran en el comienzo del verano. Se cría cultivada en las huertas y como ornamental a lo largo de los paseos. El fruto de esta morera es de color blanco, rosado o con menos frecuencia purpúreo-negruzco. Tiene un sabor dulce, pero insípido. Las hojas de la morera blanca son el alimento selectivo de los gusanos de seda y para este fin fueron abundantemente cultivadas en España, sobre todo en la huerta murciana. La seda alcanzaba antiguamente tanto aprecio que se vendía a precio de oro. El ramón o las hojas de otoño sirven como forraje para el ganado en invierno. La morera sirve además para la obtención de fibras (es planta textil ).
FUENTE: “Guía de árboles y arbustos de la Península Ibérica y Baleares” de G. López González.